Yhsam ( V )

El padre de familia, Buel, subió las escaleras con la ballesta entre sus manos. Una vez vio al anciano, este tenía los ojos abiertos. Uno, sentado entre mantas y harapos. El otro, de pie con la ballesta cargada con un virote. Su pulso no temblaba apenas.

“Lo siento, anciano. Tenemos que comer”

Disparó la ballesta contra el anciano, impactando en su pecho. Pese a la herida, el anciano se levantó. Buel sacó de su cinturón un cuchillo y cargó contra él, pero el hombre mayor, con rapidez, le agarro la muñeca del arma. Esta estalló en sangre y tendones.

Buel gritó, y el cuchillo cayó al suelo. El hombre reculó, apartándose del anciano, tocándose con la mano que aún conservaba la herida que le había hecho. La sangre salpicaba, manchando su cuerpo, el suelo y parte de la pared. El anciano se arrancó el virote del pecho.

Tras agacharse y coger el cuchillo, la mujer apareció con el hacha de mano. Se quedo paralizada ante la escena.

“¡Mátalo!” gritó Buel.

La mujer intentó acercarse, pero el anciano, con paso lento, avanzó. Antes de que la mujer pudiese golpear, con un movimiento rápido le clavó el cuchillo en el estómago. Luego, lo sacó y le cercenó el cuello, salpicando sangre al rostro del anciano. Buel se retiró a un rincón.

“No soy un anciano. He luchado en bastantes guerras. No soy tan inepto como crees”

Buel apenas podía hablar. Temblaba. El hombre agarró el hacha de mano, se acercó al herido.

“¿Dónde está Yesa?”

No contestó. Tartamudeaba palabras sueltas. El anciano hundió el hacha en su cráneo, y procedió a coger su bastón de entre los harapos. Bajó por las escaleras, y se encontró con la chica, la hija de Buel. Esta tenía un cuchillo, y estaba cerca de la puerta. Afuera comenzaron a escucharse sonidos guturales.

“No abras la puerta” dijo el anciano.

“¿Qué has hecho con mi familia?”

“No todos los invitados son inexpertos, ¿no? ¿A cuanta gente habéis matado?”

La chica miró la puerta. Su mano agarró el pestillo e intentó abrirla hacia adentro, pero el anciano, de un saltó, empujó la puerta con su bastón, evitando que se abriera.

“Sólo quiero saber donde está mi hija. ¿Os la habéis comido?”

La chica no dijo nada.

“Se me acaba la paciencia”

Se acercó a ella. Intentó apuñalarle, y clavó en su costado el cuchillo pequeño, pero eso no lo detuvo para agarrrarla del pelo y tirarla al suelo. Una vez la tenía dominada, se arrancó el cuchillo cubierto de negro y lo tiró al suelo. La arrastro hasta un rincón de la casa.

“¿Dónde escondéis los cuerpos?”

La tiró hasta ese rincón. La muchacha señaló un lugar del suelo.

“Ábrelo. O te esperan cosas peores que la muerte”

La chica abrió el sótano secreto, y un olor a muerte salió de ahí.

“Baja”

La chica obedeció y el anciano la siguió abajo. El lugar estaba lleno de esqueletos y trozos de cuerpos. Carne podrida. Algunos cuerpos, tanto de hombre como de mujer, colgaban de hierros del techo.

“Ahora me dirás si mi hija está aquí”

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