De la banal paz interior

Seguramente haya visto los anuncios que piden ayuda a países del tercer mundo, donde abunda el hambre y la guerra. Nos sentimos mal, y, en cierta manera, deberíamos. Pero no por el hecho de haber nacido en el sitio correcto (algo que no está en nuestras acciones posibles) sino porque lo que tenemos en la Europa occidental ha sido, parcialmente, obtenido de la colonización.

No voy a entrar en detalles de un estudio elaborado, sino simplemente que el progreso del primer mundo ha sido debido a otros países menos avanzados tecnológicamente (y militarmente) Gran Bretaña supo convertir las riquezas del Nuevo Mundo en industrias, lo cual promovió un cambio drástico en la economía de aquel entonces.

Los anuncios piden dinero, es decir, una moneda de intercambio para comida. Obviamente no podemos donar comida, pues es algo extraño. Quizá nos sintamos mal con el típico “los niños de África se comerían ese último trozo de brócoli” Lo que me hace gracia es que el pensamiento del tipo “el agua en el que cagamos beberían sin temor muchas personas en situación crítica de pobreza”

Mi tesis es que no basta el dinero, sino más bien esto empobrece aún más los países subdesarrollados. Sin infraestructura, sin un sistema económico, están condenados a vivir de la limosna de países desarrollados. Peces para personas que necesitan saber cómo pescar. Es más, ese dinero se “pierde” por el camino, o va a parar a manos de caudillos de guerra y demás tipos que sólo buscan el pequeño poder y riquezas que puedan saquear.

No toda África está condenada a la muerte, pues hay ejemplos como Etiopía que comienzan a crecer social y económicamente. Lo único que pasa es que a muchos les gusta esa banal “paz espiritual” al donar cinco o diez euros a una ONG, sin ni tan siquiera pensar en cómo ayudar realmente. Pero, claro, hacer que todo país europeo y parte de Norteamérica coopere, es difícil, por no decir que no obtendrían ningún tipo de beneficio, menos aún si contamos que los conflictos internos permiten establecer pactos comerciales suculentos.

Pero si usted dona, hágalo de forma sensata. Puede dar dinero, pero piense en su situación, agradezca lo que tiene, y congratúlese en la suerte de haber nacido en un buen lugar. No espere a dormir bien porque piensa que su dinero va a salvar familias enteras. Quizá acabe como una mariscada, o droga, o, si llega, mantendrá sin hambre a un niño un par de días. Eso sí, su paz espiritual durará meses, incluso años, pensando que es el salvador de los pobres.

 

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