Yhsam (I)

Nadie en su sano juicio iría a la ciudad maldita de Yhsam. Salvo el anciano que, desde la proa de un barco pesquero se acercaba entre la niebla. La luz matinal penetraba dicha neblina, pero eso no evitaba que los marineros estuviesen nerviosos. Más aún porque algunos decían haber visto “largas figuras como tentáculos” en el mar.

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